“Lo hemos intentao… pero hasta aquí hemos llegao”. Así empezó la reunión que el pasado martes tuvimos algunos fundadores y componentes más antiguos junto a nuestro banderín.

El sueño se hizo realidad. Queríamos aportar como en su día lo hicieron otros. Crear una banda que reuniese lo mejor de las mejores. Una banda que mirase por el músico en primer lugar, que estéticamente fuese elegante a la vez que sevillana, que el repertorio combinase el mejor clásico con estrenos de calidad, que en Navidad todos se volviesen niños al vernos. Y lo conseguimos, madre mía que si lo conseguimos.

Sabíamos que el camino sería difícil, por eso rematamos el banderín con la Fe, para que en los momentos de duda la tuviésemos delante.

Pero llegado un punto, la única manera de que la banda pudiese crecer era que una hermandad de Sevilla confiase en nosotros para acompañar al Señor, y si eso siempre ha sido casi imposible, la moda -que no es excusa- de traer a bandas de primer nivel de cualquier sitio, le ha borrado el casi al imposible.

Nos intentamos anticipar a todo esto el año pasado creando una banda juvenil que nos surtiese de cantera ya preparada, no sólo enseñándoles a tocar, lenguaje musical o historia de la música procesional, sino unos valores éticos y morales que han convertido un proyecto en una familia de esperanza. Pero los frutos de esta iniciativa se recogerían muy a largo plazo.

Hubo un razonamiento en el que todos estuvimos de acuerdo. Antes de ver a la banda tambaleándose como se han visto a otras, preferimos parar aquí. Nos quedamos así con el buen sabor de boca de que hasta última hora se defendió nuestra música al más alto nivel posible.

Agradecemos a todas las hermandades -destacando la nuestra del Juncal-, cruces de mayo, ayuntamientos, asociaciones y colectivos que han confiado en nosotros todos estos años.

También nos acordamos de todos los componentes que han pasado por aquí y han convertido su magia en la de todos.

Gracias a los directores y bandas que en algún momento nos han ayudado.

Gracias a los profesionales con los que hemos trabajado, por su confianza y facilidades siempre.

Gracias a los compositores que nos han regalado un trocito de ellos hecho música.

Gracias a Sevilla, ciudad injusta consigo misma pero aún así la más bonita de todas.

Nos quedamos así con lo bueno, no es momento de dedicarle ni un segundo a lo malo -que no es poco-, porque bastante llevamos pasado estos días.

Y por último, desear mucha suerte a todas esas bandas de la ciudad que siguen luchando por lo mismo que nosotros. Hacéis mucha falta, y ojalá nunca paséis por lo que estamos pasando nosotros.

Aún no me creo que se acabe la magia que tanto bueno nos ha dado. Bueno hasta el punto de que algunos hayamos encontrado hasta el por qué de todas las cosas.

Pero aunque todo termine prometemos seguir levantándonos cada día con un mismo deseo: “Que se haga la Música… por los siglos de los siglos”.

Ale.